1 jul. 2007

La industria cultural y el valor de Internet


Fig. 1.1.-2. Productos comprados en la Red (España)
En España, los billetes de tren, avión o autobús ocupan el primer lugar en el ranking de los productos adquiridos por Internet durante 2003 con un gasto medio por individuo comprador y año de 554 euros, con la demanda del turismo cultural en un lugar destacado en Internet. Los libros, líderes en el estudio correspondiente al año anterior, quedan situados en un importante segundo lugar con un gasto medio por individuo comprador y año de 100 euros. Muy por debajo de los bienes culturales se sitúan la compra doméstica o la de productos de electrónica e imagen, aunque ocupan posiciones rezagadas en cuanto a los productos adquiridos por los usuarios compradores, es la que más volumen de gasto medio moviliza con 793 y 688 euros, respectivamente, tal y como se muestra en la Figura 1.1.- 2.
Esta tendencia va a más ya que hoy, un puesto de distribución presencial no puede satisfacer la complejidad y heterogeneidad de la demanda cultural a mayor velocidad que el canal de Internet.

La creación de valor cultural en la Red pasa, pues, por propiciar contenidos que favorezcan el consumo de bienes culturales que, a su vez, apoyen a las industrias (por ejemplo, el turismo cultural, las empresas editoriales o el sector educativo).

Como se apuntaba, resulta paradójico que actualmente el incremento de los contenidos culturales y la facilidad de distribución de los mismos que ofrece Internet, perjudique el desarrollo de la industria cultural, en buena parte por la facilidad de copia en la Red de los formatos digitales, con la consecuente vulneración de los derechos de propiedad y reproducción.

El potencial de las tecnologías digitales como aceleradoras del desarrollo cultural tropieza también con las creencias sobre el potencial deshumanizador de la tecnología, prejuicios heredados de las sociedades industriales. Pero si nos asomamos a la Red, no veremos una fría propaganda de las virtudes de la sociedad tecnológica, sino una importante presencia de las Humanidades que, en ocasiones, destaca por su punto de vista parcial e interesado y por la marginación de los más brillantes autores no anglosajones, en diversas disciplinas, lo que constituye uno de los problemas reales. La tecnofobia, los nuevos temores y esperanzas sobre el cambio tecnológico, puede inhibir las grandes energías necesarias para competir, canalizarlas del lado del discurso, o hacia la producción errática de contenidos más que el de la producción y posicionamiento de materialessin referenciar. Resulta más fácil disertar sobre el próximo milenio que afrontar el reto decisivo de los próximos tres años.

Ésta es una cuestión grave si pensamos que el impacto del cambio puede influir en la construcción o en la desaparición de espacios culturales. La tendencia global-local favorece el mestizaje, las culturas locales terminan negociando sus propias formas con las que imponen las industrias de las culturas hegemónicas. La territorialidad ya no es el único factor vinculado a la creación de espacios culturales y de comunicación. Estos empiezan a ser independientes de los territorios físicos, se deslocalizan. Se está favoreciendo la creación de pequeños grupos, pasando de una sociedad de masas articulada geográficamente, a una sociedad de especialistas apoyada en las telecomunicaciones: las comunidades de usuarios, los cuadernos de bitácora, las listas selectivas de información, los mensajes SMS... En este sentido, es vital conocer las fuentes y necesidades para una población internauta que pertenece a una comunidad lingüística en Internet de prestigio como la hispana. Es el gran valor intangible que refuerza la actitud positiva para publicar e incrementar los contenidos producidos en ese idioma.

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